martes, 3 de noviembre de 2009

Rinconete sobre Emilio Ballagas

Viernes, 23 de octubre de 2009


Emilio Ballagas, antológico y transgeneracional

Por Luis Rafael

Dos meses antes de cumplir los 47 años murió Emilio Ballagas (1908-1954), dejando trunca una interesante obra artística. No fue un autor demasiado prolífico y tampoco un poeta concentrado. En su primer libro, Júbilo y fuga (1931), continuador de la tradición modernista, aparecen ya textos renovadores gracias al influjo vanguardista; en Cuaderno de poesía negra (1938) se inserta en el negrismo convirtiéndose en uno de sus precursores; Elegía sin nombre (1936), Nocturno y elegía (1938) y Sabor eterno (1939), introducen la lírica intimista y neorromántica que le ganó abundantes epígonos a lo largo del siglo xx. Por otro lado sus textos de índole religiosa y patriótica, como los dedicados a la Virgen y las décimas a José Martí, actualizan temas desvalorizados por las novedades vanguardistas.
Ballagas pasa de un estilo a otro con el dinamismo de su época, siempre en busca de una expresión contemporánea, siempre dejando tras de sí una estela de poemas antologables, claves dentro de las diferentes corrientes literarias. Ha sido acusado de no tener una verdadera poética, de presentar una literatura desigual en cuanto a calidad e intensidad y es cierto. En cambio esto puede explicarse por la variedad formal y temática que presenta. Como pocos autores, evoluciona y logra pasar de una generación a otra involucrándose con los nuevos protagonistas y convirtiéndose en protagonista él mismo. Su «Poema de la ele», es imprescindible en el vanguardismo cubano; como también lo son en el negrismo, llevado a cumbres por Nicolás Guillén, sus afrocubanos «Comparsa habanera», «Elegía de María Belén Chacón» y «Canción para dormir a un negrito» («Dórmiti mi nengre, / dórmiti ningrito. / Caimito y merengue, / merengue y caimito».) Igualmente «Elegía sin nombre», «Nocturno y elegía», «Declara qué cosa sea amor», «Soneto sin palabras» y «Poema impaciente», resultan paradigmas del conversacionalismo y de una lírica intimista y neorromántica dentro de la cual sobresale también Dulce María Loynaz.
Con Mariano Brull y Eugenio Flort, Ballagas inicia la poesía pura que se encargan de universalizar los autores del grupo de Orígenes, con quienes se vincula desde la fundación de la revista Clavileño, donde colaboró con Gastón Baquero, Eliseo Diego, Fina García Marruz y Cintio Vitier. Sus poemas para niños y sus ensayos literarios le ganan la estima de contemporáneos y continuadores, que aprecian en el autor de la «Elegía sin nombre» a una de las figuras más notables y experimentales de la lírica hispanoamericana, quien logró traducir en versos sus angustias y desesperanzas. Juan Ramón Jiménez resumió acertadamente: «Es Ud. sin duda (me confirmo en la idea de 1936) el poeta de esa poesía íntimamente humana que va y viene de sus principios a sus fines por lo hondo del hombre, del hombre mismo, preso de tiempo y espacio; poesía siempre de su propia época; sin la ampulosidad ni el abandono que desfiguran y menguan en otros su mayor belleza».

© Instituto Cervantes


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