lunes, 13 de julio de 2009

Rinconete sobre la condesa de Merlin

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Lunes, 13 de julio de 2009
LITERATURA

La condesa de Merlin, fundadora de la literatura
cubana escrita por mujeres


Por Luis Rafael

María de las Mercedes Beltrán Santa Cruz y Cárdenas Montalvo y O'Farrill (La Habana 1789 - París 1852), condesa de Merlin gracias a su matrimonio con el general bonapartista y conde Antoine Christoph, después de vivir en España y Francia, pasados los cincuenta y luego de enviudar, regresa a Cuba de visita en 1840. Escritora en francés, recogería los pormenores de su aventura en una especie de diario epistolar, que publicó más tarde en París, con el título de Viage á La Habana (1844). La versión en español, aunque reducida (en francés salieron 36 cartas y en español solo 10), se edita el mismo año en Madrid, prologada por su coterránea, la cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda.

Dirigidas a parientes y amigos, artistas y hombres influyentes de entonces, las epístolas narraban a los europeos los hábitos y las costumbres del Nuevo Mundo, desde una perspectiva que se debate entre el extrañamiento y la orgullosa exposición de las virtudes de la tierra natal. Obra costumbrista y folclorista, está signada por la ambivalencia de la autora, que se inclina del neoclasicismo hacia el discurso romántico. Aunque en la versión española son eliminadas las cartas que «olían» a reformismo político, en el texto prevalece la dualidad que vive la autora franco-cubana, quien suscribió: «La France, ma mère adoptive, n’a rien changé, n’a rien diminuié de cette ardente affection pour mon pays». Eso sí, la Condesa, pionera de la crónica de sociedad, aprovechó para cargar la mano en su libro, elogiando a quienes la agasajaron mejor y para dejar mal parados a los que le desagradaron durante su estancia en la Isla.

Autora de éxito, la cubana se dedicó fundamentalmente al género biográfico y a las memorias. Además de otros textos de menos importancia que publicó en revistas, escribió su autobiografía —Mes douze premiéres années, 1831; y Souvenirs et Mémoires (Souvenirs d´une Créole), donde remarca su condición de «criolla»—; la biografía de una monja que fue su maestra en el convento de Santa Clara de La Habana (Histoire de la Soeur Inés); el relato de la desventurada vida de su amiga, la cantante española María García Malibrán (Le loisirs d´une femme du monde, 1838); y el libro Viage á La Habana.

Pese a que escribiera en francés, por su voluntad de participar en el discurso nacional, podemos decir que la condesa de Merlin es fundadora de la literatura cubana escrita por mujeres. Nacida en La Habana en una familia aristócrata (los Santa Cruz eran condes de Santa Cruz de Mopox y de San Juan de Jaruco; los Montalvo, de Macuriges y de Casa Montalvo), vivió en la Isla hasta los doce años, cuando viajó a España, requerida por su madre, Teresa Montalvo, la cual era dama de honor de la reina María Luisa y quien en la capital tenía un salón por el que transitaban políticos, escritores y artistas, entre los que sobresalieron Moratín, Quintana y Goya. Luego de la invasión napoleónica, su familia arregla su boda con el general erigido conde de Merlin por José I; y tras el derrocamiento del rey Bonaparte tiene que marchar con su esposo a París, donde la Comtesse Madame de Merlin fue testigo y protagonista de los últimos brillos del imperio de Napoleón. En la sociedad francesa se hizo famosa su tertulia, a la que se dice asistieron Rossini, Meyerbeer, Musset, Listz, Chopin, Balzac, Orfila, María Malibrán y George Sand, todos ellos cautivados (en especial la novelista) por el talante criollo de la anfitriona, de «ojos negros y animados» y «aspecto salvaje».



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