lunes, 13 de julio de 2009

Rinconete sobre Ernesto Sierra

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Lunes, 29 de junio de 2009
LITERATURA

Ernesto Sierra, aprendiz de América

Por Luis Rafael

José Martí defendió la soberanía cultural de la América que llamó «Nuestra»; José Lezama Lima, el edificador de mitos, escribió: «El mar violeta añora el nacimiento de los dioses / porque nacer aquí es una fiesta innombrable»; y Ernesto Sierra (1968), quien se confiesa «aprendiz de América», desde su joven obra narrativa y ensayística, profundiza en la huella descolonizadora de un pensamiento americanista vinculado al independentismo de la América Latina.

Licenciado en Letras por la Universidad de La Habana, se especializó en Literatura Hispanoamericana, de la que sería profesor en la misma facultad donde cursó estudios. Su fascinación por el tema indigenista le interesó en tradiciones y lenguas aborígenes, al punto que realizó un Diplomado en Estudios Amerindios en la Casa de América de Madrid y se convirtió en amigo de escritores tan notables como el poeta mapuche Elicura Chihuailaf (1952). Apadrinado por quien fue su maestro en los acercamientos a la cultura americana, el poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar, Sierra fue invitado a trabajar en la Casa de las Américas de La Habana, cuya biblioteca dirigió entre 1994-2002, y en cuya revista colaboró regularmente. En estos años publicaría además el ensayo La doble aventura de Adán Buenosayres (Premio Pinos Nuevos, 1995; La Habana, 1996), donde explora una de las novelas más ambiciosas y trascendentes del argentino Leopoldo Marechal, de quien prepara una Valoración Múltiple que en breve imprimirá la Editorial Casa de las Américas. Los artículos y ensayos de Ernesto Sierra le consagran en la vocación americanista y añaden una nota contemporánea a la tradición de rescate y difusión del arte de un Continente marginado pero que, desde la irrupción del Modernismo, conquistó la soberanía cultural.

En el año del centenario de la caída en combate de José Martí, se funda la revista literaria Jácara (1995-2005), que dedica al Apóstol cubano su primer número y a la que se vincula Ernesto Sierra. En las páginas de esta peculiar publicación holográfica, editada de forma independiente y en la que se dio a conocer el canon literario cubano de los noventa, el joven autor alumbró textos vinculadores de dos géneros que maneja sin aislarlos, la narrativa y el ensayo. Integrante de la generación de Jácara, Sierra participa de un discurso literario rompedor, que pretende continuar las búsquedas origenistas de la identidad cubana y latinoamericana al tiempo que aportar universalidad al arte de la Isla. Su libro de prosas La muerte del minotauro (La Habana, 2009), demuestra la imbricación genérica que logra el autor quien, siguiendo el modelo borgiano, consigue conjugar de manera coherente la reflexión con la ficción. Vuelta de tuerca a la temática latinoamericana, su libro de ensayos, significativamente titulado Aprendiz de América (La Habana, 2005), ofrece sus claves para comprender el devenir cultural del Continente, al tiempo que hace luz sobre la vocación americanista de Ernesto Sierra.



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