miércoles, 1 de diciembre de 2010

Rinconete sobre Raúl Hernández Novás

Rinconete > Literatura
Martes, 24 de agosto de 2010


Raúl Hernández Novás, ciudadano del mar
Por Luis Rafael

«Ciudadano del mar que entre las olas recogías la cosecha de ámbar, / dime, / ¿no sabías que existía la ballena blanca?», monologa Raúl Hernández Novás (La Habana, 1948-1993) en Enigma de las aguas (1983), revelando su fascinación por el mar como símbolo de la inutilidad de la vida humana. Isleño ensimismado en la contemplación del horizonte, descubrió su propio rostro en la espuma y el agua repetida. Y desde su intuición poética, vislumbró el camino de la confluencia para la literatura cubana: convergente sobre el agua, nunca en las orillas, únicamente palpable en la marejada, la migración o el desgarro. Sus textos reflejan el anhelo de una expresión líquida, de un verso espiritual concentrado en ámbar, pero movedizo cual océano. José Martí, Julián del Casal, César Vallejo, Octavio Paz, Eliseo Diego o José Lezama Lima animaron su obra, valedores de una búsqueda trascendental, de un desciframiento de los misterios de la existencia mediante el ejercicio literario.

Sobrino del narrador Lino Novás Calvo, aunque comenzó a publicar con solo doce años, Hernández Novás fue un poeta marginal, automarginado de modismos literarios e indiferente a la farándula, tímido, huidizo, siempre en la orilla. Ensaya en símbolos líricos una comprensión de la realidad que desea la evasión, la construcción de la balsa propia, cuyo velamen jamás consigue inflamar. Gracias al influjo origenista, rebasó el «compromiso poético» y aunque se mantiene en el tono coloquial al uso en su generación buriló versos desgarradores y bellos, que arroja al tiempo cual mensajes a sí mismo. Con su poesía marcadamente autobiográfica y confesional, aprendió a encorcharse como Lezama, pero no consiguió la casaliana utopía del aislamiento. Entre tratamientos psiquiátricos y enajenaciones, regala poemas a los amigos y, a instancias suyas, embotella sus textos en libros: Da capo (1982), Embajador en el horizonte (1984), Al más cercano amigo (1987), Animal civil (1987), Sonetos a Gesolmina (1991).

Hernández Novás explica su escapismo tomando como paratexto el poema de Eliseo Diego Riesgos del equilibrista. El escritor que acostumbra a fingirse bufón y a veces se cree payaso dice en Explicaciones del equilibrista que «huraño» huye a su «rincón de cielo», ya que siente «el terror de la presencia humana». Terror y anhelo de vida, amor y muerte, que se torna barca en cada estrofa, reiterando su inclinación al suicidio: «Yo pronto moriré, yo me iré pronto. […] / Sobre la cuerda no haré más el Tonto».

Asediado por la penuria de unos años en que sobrevivir fue ejercicio de valentía extrema, huérfano del amor materno y del amor carnal, enfermo él mismo y responsable de su padre enfermo, a los cuarenta y cuatro años Raúl Hernández Novás se disparó en la sien con un revólver que le desconcentró «el equilibrio» sobre la cuerda, desplomándolo sobre espejos de agua, donde cristaliza en mito cual «ballena blanca»:

Termina.
Termina el viaje que ardía en la memoria.
Termina, la región desolada vuelve a su antiguo dueño.
Ya no verás las claras batallas del horizonte, a la mañana, se extingue
la llamarada de los pájaros que emigran, el mar
tan leve, movido por la luz, el ejército
de las nubes, la estrella que aún alienta
sobre el océano del polvo.

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