domingo, 15 de junio de 2008

Luis Sepúlveda, sobre Cartas al Hijo

Cartas al Hijo

“¿ Y qué será, entonces, la herencia de mi hijo?”, se preguntó un angustiado Rainer-María Rilke de cara a una época que se caía a pedazos, y no tuvo respuesta.
También Nazim Himket se hizo la misma pregunta y creyó encontrar la solución en una serie de recomendaciones que, lejos de serle útiles al hijo, eran más bien un inventario de todo lo que Himket padre no había hecho, una suerte de herencia indeseada, una condena.
Mi amigo el poeta cubano Luis Rafael, con su serenidad tan propia de los antiguos artesanos, con su sosiego de poeta que lleva una isla bajo la piel y le basta con eso, con saberla a salvo del frío y de las lluvias metálicas porque es además de poeta un hombre de pellejo duro, ha establecido una hermosa herencia de palabras, y Cartas al Hijo es un poemario sin más –ni menos- pretensiones, que compartir una serie de destellos que van desde la estupefacción hasta la certeza de lo inevitable.
Padre nuevo / Hijo de su hijo dice Luis Rafael en un poema anunciador de la patria de la paternidad, ese lugar que para muchos de tan obvio resultará intrascendente y que, sin embargo, para otros entre los que me cuento, es la patria más frágil, sujeta a otras cronologías, y para defender sus leves fronteras estamos dispuestos a ser leales y traidores.
Los padres / Sembramos hijos / En la intemperie anuncia el poeta, y para responder a las urgencias propias de esas vidas a las que no se ofrece más que el suelo y las estrellas, nombra entonces los elementos necesarios, y que entre otros son: Una ráfaga de mar / Con ínfulas de ser / el mar; Remos escarchados de muerte / Voces de sal y agua; Dardos hacia el desafío; Hervor de gallos; Un país torrencial, elementos para decir aquí estuve, esto es lo que visto, desde El Cairo a Berlín, desde la Isla a los instantes sin tiempo Encallado y callado/ Ante las migraciones / (blancas y espumajosas)/ De los amigos, sí, esto es lo que he visto, y si existe es porque lo he nombrado en tu nombre.
Además de amigo, soy el feliz editor de este libro. Tal vez alguien conozca de mi labor de novelista, que en este caso es secundaria, pero quiero indicar que desde siempre quise fundar una casa editora dedicada solamente a la poesía, y de la manera más arbitraria, sectaria, dogmática y hasta canalla, publicar nada más que los libros de los poetas contemporáneos que admiro.
Para la colección “Elogio del Horizonte” es un orgullo y un privilegio contar con Cartas al hijo, entre los cinco libros del plan de publicaciones para el año 2008.
Desde Gijón, en Asturias, reciban un fraterno abrazo.
Luis Sepúlveda.